¿Qué creemos sobre el Divorcio?

La posición doctrinal de la Iglesia afirma la intención vitalicia de la alianza matrimonial. Sin embargo, desde la Conferencia de Lambeth de 1888 se estableció la posibilidad pastoral de que "una vez que la relación matrimonial se ha destruido sin posibilidad de arreglo, el matrimonio mismo es como si hubiera muerto, las promesas se han visto frustradas y el vínculo roto". Desde la Conferencia de Lambeth en 1978 se concedió permiso para celebrar un nuevo matrimonio por razones pastorales cuidadosamente consideradas.

 

La posición Anglicana está interesada en la permanencia y sacramentalidad del matrimonio pero presta más atención a la actual situación entre esposo y esposa, buscando un recto equilibrio entre el respeto por la institución del matrimonio y el respeto por la persona.

 

Para la inmensa mayoría el proceso del divorcio es muy riesgoso y doloroso, la relación original está deformada y ahora es destructiva. Perder un(a) esposo(a) es como perder algo de uno mismo. Es un trauma profundo y violento que toma años en sanar y hay sentido de vulnerabilidad debido al sentido de fracaso que se siente. Los efectos en los hijos deben de ser considerados con mucha seriedad. La decisión la toma la pareja. Una vez hecha, le toca a la comunidad de la Iglesia dar a las personas divorciadas el amor, el cuidado y el apoyo que les permita superar su crisis y comenzar una vida nueva.