Mensaje de Cuaresma 2015

 

“Ahora pues, como colaboradores en la obra de Dios, les rogamos que no desaprovechen la bondad que Dios les ha mostrado.  Porque él dice en las Escrituras: “En el momento oportuno te escuché; en el día de la salvación te ayudé."  Y ahora es el momento oportuno.  ¡Ahora es el día de la salvación! …” (2 Corintios 6, 1-3).

 

Muy amados todos(as) en el Señor:

 

Con estas hermosas palabras tomadas de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios quisiera comenzar esta Carta Pastoral para el tiempo de Cuaresma 2015.  Me dirijo a ustedes confiado en que es el mismo Dios de bondad quien nos está dirigiendo y mostrando el camino que hemos de seguir en este proceso histórico de Transformarnos para Servir en el que se encuentra nuestra Iglesia Episcopal Puertorriqueña.

 

Como colaboradores de Cristo en su obra de salvación, hemos de tomar conciencia cada día más de la importancia que tiene entrar en esa dinámica de transformación. No es un logro que podemos alcanzar de la noche a la mañana, en unos días o meses, pero tengo la certeza de fe que algo grande y trascendental está planeando nuestro Padre, el Dios de la Historia manifestado en Cristo Jesús, para nosotros su amado pueblo.

 

Durante el pasado año vivimos experiencias verdaderamente hermosas que nos están ayudando a discernir y a afirmar que, ¡Ahora es ese día oportuno; ahora es el momento de salvación!  Ha habido Encuentros de oración y reflexión entre miembros de los varios Comités, Juntas y grupos que componen nuestra Diócesis; Encuentros con Laicos de cada Arcedianato en un dialogo llano, sincero y de confianza; reestructuración de las diferentes dependencias diocesanas para lograr un mejor servicio en favor de la Iglesia de Dios; la extensión del ministerio del episcopado en los Arcedianos y el personal de las Oficinas Diocesanas.  Como parte integral de una Iglesia que se transforma para servir, hemos establecido un Comité que durante los próximos meses nos ayudará a desarrollar un Plan para el Fortalecimiento Pastoral de nuestras amadas feligresías.

 

Por lo tanto los invito durante este tiempo de Cuaresma a una conversión interior; a una profunda reflexión personal y comunitaria.  Al igual que nuestro Señor Jesús, "Seamos empujados por el Espíritu Santo al desierto..."  Acompañados por El, iniciemos nuestro peregrinaje cuaresmal.

 

Cuaresma: penitencia y ayuno

 

Reconocemos el verdadero sentido de la Cuaresma y el motivo que nos mueve a entrar en esta dinámica.  El Libro de Oración Común nos recuerda que los primeros cristianos tomaron por costumbre preparar la celebración de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo del mismo modo que Él lo hizo, con el ayuno y la oración. (LOC, p. 182 s)  Durante esos cuarenta días Jesús se retiró, se apartó del bullicio, y se dedicó un encuentro con su Padre Dios.  Así fortaleció su espíritu para la tarea salvadora que su Padre le había encomendado desde toda la Eternidad.

 

De igual forma, nosotros estamos llamados a la oración y al ayuno para fortalecernos interiormente y poder luchar la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6,12).  Por la penitencia reconocemos nuestra necesidad de Dios y de su gracia.  Nos volvemos hacia El en humildad de vida para que Él nos mire con ojos misericordiosos y nos limpie de nuestros pecados.  Nos dice el salmista "Ten misericordia de mí, oh Dios, conforme a tu bondad; conforme a tu inmensa compasión borra mis rebeliones.  Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado" (Salmo 51, 1-2).

 

La penitencia y el ayuno corporal son importantes elementos en este peregrinaje cuaresmal que estamos siguiendo como parte de la amplia comunidad eclesial.  El Libro de Oración Común nos invita en nombre de la Iglesia a, “la observancia de una santa Cuaresma, mediante el examen de conciencia y el arrepentimiento; por la oración, el ayuno y la auto negación; y por la lectura y meditación de la Santa Palabra de Dios” (LOC p. 183).

 

Entrar en el Desierto confiando en Dios

 

“Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca... Más hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo.  Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados.” (Éxodo 13, 17-18)

 

Entrar en el desierto es un acto de confianza y de amor a Dios.  El pueblo de Israel tuvo esta experiencia.  Guiados por Moisés se dejaron llevar, curiosamente no por el camino más fácil, corto o cercano, sino por el camino más largo, lo cual tenía un propósito en el plan de Dios.

 

Es cierto como dice el proverbio popular que el “camino corto se anda más ligero”, pero no siempre el camino corto es el apropiado para crecer humana, profesional y espiritualmente.  Y tampoco por ser el más corto ha de ser el más fácil.  Dios “hizo que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo” con la intención de prevenir a su pueblo de acontecimientos que podrían llevarlos a arrepentirse, y volverse a Egipto aceptando para siempre la esclavitud y la injusticia.  Dios los sacó de Egipto, los llevó al desierto y los acompañó en todo momento.

 

Jesús, también impulsado por el Espíritu se adentró en el desierto, vivió la experiencia del desierto con todas sus limitaciones y peligros y recibió vida.  Nosotros estamos llamados a entrar en ese desierto, a encontrar o pasar por limitaciones, exponernos a peligros espirituales, con la certeza que cuando lo atravesemos, nuestro espíritu estará lleno de vida y de nuevas perspectivas.  Una experiencia de desierto nos lleva a encontrarnos con nosotros y nosotras mismas; a reconocer nuestra flaqueza humana en humildad.  Por otro lado, nos lleva a reconocer la grandeza de Dios que habita en nosotros, nos dirige y acompaña siempre.

 

Uso del Libro de Oración Común

 

Reconocemos la riqueza que representa para nuestra Iglesia Episcopal el Libro de Oración Común.  En esta exhortación solicito como norma en nuestra Diócesis su uso en todos los ritos y celebraciones de la Estación de la Santa Cuaresma y Semana Santa.  Por años se han utilizado otros textos con la intención de resumir o recoger todos los ritos de Cuaresma y Semana Santa.  Esta práctica ha llevado a confusión sobre cual o cuales ritos debemos seguir.  En nuestro Libro de Oración Común encontramos claramente todas las prácticas, oraciones y rubricas que nos ayudan a profundizar el tiempo de Cuaresma y nos insertan en esta corriente universal de oración y adoración.  Millones de cristianos y cristianas alrededor del mundo se nutren con la riqueza espiritual de nuestro libro, eje central de nuestra fe e instrumento para la unidad en la diversidad en nuestra amplia Comunión Anglicana.

 

Junto al Libro de Oración Común están las Sagradas Escrituras, fuente de sabiduría divina para quienes amamos y servimos al único y verdadero Dios.  Son ellas palabras inspiradas por Dios que nos iluminan, instruyen, y corrigen en el amor de Jesucristo.  Exhorto a todo nuestro amado pueblo cristiano Episcopal que adquiera y tenga a la mano una copia de las Sagradas Escrituras y del Libro de Oración Común.  Estos han de ser excelentes recursos en el proceso de formación espiritual y crecimiento en la fe.

 

Llamados para servir

 

“En todo damos muestras de que somos siervos de Dios... Por nuestra pureza de vida, nuestro conocimiento de la verdad, nuestra tolerancia y bondad; por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, nuestro amor sincero, nuestro mensaje de verdad y por el poder de Dios en nosotros.”  (2 Corintios 6, 4-5)

 

Miles de hombres y mujeres hoy, en el siglo XXI, han sido llamados por Dios para ser sus siervos(as).  Del mismo modo hay miles de personas que requieren de nuestros servicios.  Los tenemos cerca de nuestras casas, trabajos o en las calles por las que pasamos diariamente.  La fuerza de la costumbre y el confort nos lleva muchas veces a no verlos, sentirlos y ayudarlos.

 

Considero que uno de los mayores retos y exigencias del Reino hoy ha de ser nuestro servicio indiscriminado, inclusivo y amoroso.  Debe ir encaminado a los más necesitados de la sociedad: los pobres, los ancianos, los niños y madres maltratadas, los enfermos, los que están en prisión; en especial, los rechazados y marginados de la sociedad por quienes Jesus demostró una opción preferencial.

 

Les invito pues en esta Cuaresma a hacer un alto, levantar nuestros ojos y mirar los rostros de estas personas necesitadas.  El verdadero servicio que transforma nuestras vidas tendrá su comienzo aquí.  Cada encuentro con un necesitado, abandonado o rechazado vendrá a ser un encuentro con Jesús mismo.

 

Misa Crismal

 

Desde que asumí la encomienda de ser su Obispo Provisional, ha sido mi gran anhelo el disfrutar de un dialogo y encuentro personal continuo con el clero activo y jubilado.  El Obispo “representa a Cristo y su Iglesia como apóstol, sacerdote principal y pastor” (LOC p. 748).  Cumplir diligentemente con esta seria responsabilidad siempre conlleva una gran satisfacción.  Todos y todas tenemos un ministerio en común: la digna representación de Cristo y su Iglesia ante la sociedad, los pueblos y las naciones.

 

Ustedes, mi querido Clero, son mis colaboradores directos en la celebración y administración de los santos sacramentos.  La Misa Crismal es un hermoso momento que tenemos cada año para encontrarnos y celebrar juntos con Cristo el Gran Sacramento del Amor y la Misericordia.

 

Este año nuestra Misa Crismal – Retiro tomará lugar el Martes Santo, 31 de marzo, de 10:00 a.m. a 2:00 p.m., en las facilidades de la Iglesia San Lucas, Ponce.  Es mi deseo encontrarme allí con ustedes en un momento de intimidad y oración personal para juntos compartir la alegría y el gozo del don del Espíritu Santo.  Ahí haremos presente a Jesús en la Eucaristía, renovaremos nuestros Votos de Ordenación y bendeciremos los Santos Oleos.

 

Solamente conoceremos la voluntad de nuestro Padre Dios y sus designios si cada uno de nosotros y nosotras de manera personal y comunitaria entramos en el espacio sagrado al cual Él nos invita.

 

¡Tengamos una bendita Estación de Cuaresma y Semana Santa que culmine en una gloriosa Pascua de Resurrección!

 

Su Obispo y fiel servidor en Cristo,

 

+Wilfrido Ramos Orench