Mensaje del Obispo a la 110ma Asamblea Diocesana

 

“Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha puesto como obispos; pastoreen la Iglesia del Señor,  que Él adquirió por su propia sangre”.  (Hch.20:28)

 

Muy buenos días, hermanas y hermanos. Me alegra mucho poder reunirme por primera vez con ustedes como su Obispo en esta centésima décima Asamblea Diocesana. Es una oportunidad única para encontrarnos fraternalmente y para la atención de los asuntos que nos son requeridos canónicamente. Sean todas y todos bienvenidas y bienvenidos.

 

Acción misionera de nuestra Iglesia por el paso del Huracán María

Nos reunimos a celebrar nuestra Asamblea en un momento muy particular, luego del paso del huracán María por nuestra isla. Por eso, es preciso iniciar este mensaje, compartiendo con ustedes las gestiones que hemos realizado para la atención de esta emergencia, que aún continúa. Este huracán trastocó nuestra realidad colectiva de pueblo; nos ha consternado por el impacto de sus vientos, pero también ha fijado los pilares necesarios para que nuestra Diócesis sea una Diócesis de Esperanza. Ciertamente, el huracán nos trajo enormes retos, pero también grandes oportunidades para aportar desde la pastoral y misión de nuestra Iglesia.

 

Recuerdo el paisaje al llegar al Centro Diocesano, a dos días del paso del huracán, y a tres meses de mi ordenación al episcopado. Allí encontré la cruz en pie, signo de nuestra fe, como punto de partida para nuestra respuesta pastoral y misionera. Como el salmista clamamos: “Oh Dios, de mañana me levantaré, y ante ti esperaré”. Pero como Iglesia del camino nuestra confianza y espera estuvo acompañada con una contundente respuesta.

 

Los días 27 y 28 de septiembre cuatro equipos salieron del Centro Diocesano a distintos puntos de la Isla para conocer de primera mano el estado de nuestras feligresías e instituciones, ya que las comunicaciones estaban severamente afectadas. Agradezco al personal del Centro Diocesano, clérigos y demás voluntarios y voluntarias que pernoctaron esa noche en varios puntos de la isla para lograr el mayor alcance posible en la gestión que realizaban. Recibimos noticias conmovedoras y ante ellas no nos quedamos de brazos cruzados. Creamos un Comité de Respuesta a la Emergencia, a través del cual instrumentamos nuestra acción como Iglesia.

 

Sostuvimos reuniones con el Clero los días 9 y 10 de octubre en el Centro Diocesano y en las facilidades del Hospital San Lucas Ponce. Escuchamos a través del Clero sus necesidades y las de las comunidades a las que sirven. Coordinamos la respuesta necesaria a través de dos centros de acopio ubicados en el Centro Diocesano y en el Hospital San Lucas Ponce. Los templos episcopales se transformaron en centros de apoyo pastoral y de acompañamiento en medio de la emergencia.

 

El acompañamiento de “The Episcopal Church” y de varios obispos y obispas reconfortó nuestro espíritu y no se hizo esperar. El Sr. Xavier Castellanos fue designado por Episcopal Relief Development para trabajar con nosotros en la coordinación de la ayuda necesaria. Recibimos no solo su visita, sino la de la Presbítera Glenda McQueen, en representación de la Oficina del Primado Michael Curry. Mantuve comunicación directa con nuestro Primado y recibimos palabras de aliento del Arzobispo de Canterbury, Justin Welby. La Diócesis de Maryland, diócesis compañera, también se hizo presente, con la visita del Obispo Eugene Sutton y la Presbítera Margarita Santana. Con ellos visitamos Maricao y Humacao, pueblos sumamente golpeados por el huracán María. Gestionamos con la organización Food for the Poor, la entrega de ayuda a través de nuestra Iglesia, lo que nos permitió contar con varios contenedores para nuestros centros de acopio. También, hemos estado recibiendo otros contenedores con alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad, que hemos compartido con nuestras feligresías, para su distribución en las comunidades.

 

Reconociendo que el ser humano es integral, creamos equipos para brindar apoyo pastoral y apoyo psicológico. Ambos equipos han realizado una labor encomiable y altamente necesaria en esta emergencia. Nuestro Sistema de Salud Episcopal San Lucas, en sinergía con la Iglesia, también ha sido parte de los esfuerzos de recuperación. Nos han asistido en la distribución de agua para nuestras égidas en Caguas y Arecibo y proveyeron plantas eléctricas para el Colegio de la Catedral, que se vio severamente afectado. También fueron instrumentales para el vaciado y distribución de los contenedores de ayuda que hemos ido recibiendo, y en la transportación de suministros por toda la isla. En el área de la salud, también han hecho una valiosa aportación al país mediante clínicas de salud en la iniciativa del Abrazo de Amor Episcopal, que ha comenzado a recorrer las áreas de mayor necesidad, iniciando por Loíza, el pasado 9 de noviembre. En esta iniciativa el impacto ha sido holístico, integrando la pastoral, ayuda psicológica y la entrega de suministros en un verdadero abrazo episcopal.

 

Como siempre he destacado, un Obispo no puede trabajar solo. El éxito de estas gestiones no hubiera sido posible sin el apoyo de nuestro Clero, feligreses y voluntarios que se entregaron en cuerpo y alma para que la ayuda llegara a las comunidades. Fueron y siguen siendo muchas manos al servicio del Movimiento de Jesús en nuestra Iglesia. Quiero agradecer de manera especial a la Presbítera Ana Rosa Méndez y al Padre Francisco Morales, quienes han estado coordinando los Centros de Acopio en el Centro Diocesano y en el Hospital San Lucas Ponce, respectivamente. También agradezco al Padre Edmond Desueza, por la coordinación de la ayuda pastoral y a la Dra. Damaris De Jesús, por la coordinación de la ayuda psicológica. También agradezco al Sr. Julio Colón, del Sistema de Salud Episcopal San Lucas y al Rev. D. Nicolás López, que se unieron a estos esfuerzos. Destaco a los voluntarios y las voluntarias que, en unión a las hermanas y hermanos antes mencionados, han hecho que esta respuesta sea oportuna y exitosa.

 

Como Obispo, me he mantenido activo en los medios de comunicación, haciendo presente a nuestra Iglesia. Estuve presente en Radio Leo en Ponce, WKAQ 580, Wapa Radio y en medios televisivos, comunicando y acompañando con un mensaje de esperanza al pueblo de Dios. En atención a la emergencia, dediqué varios domingos para visitar aquellas feligresías que fueron más golpeadas por el huracán. Entre estas: la Misión de San José de Arimatea en Añasco, la Parroquia Ayudada Santa María Magdalena en Levittown, la Misión Felipe y Santiago en Loíza, la Misión Todos los Santos en Vieques, la Misión San Gabriel en Humacao, las Misiones La Epifanía y Transfiguración en Maricao y la Misión San Bartolomé en Lares. Tengo particular recuerdo de la eucaristía celebrada en Humacao, donde el templo se vio severamente afectado. La imagen del Resucitado se mantuvo incólume bajo la ventana destrozada por los vientos. La Biblia mojada sobre el altar, que entregué al Guardián Mayor, nos recuerda que la palabra de Dios es más fuerte que cualquier tormenta. La visita a Maricao también fue memorable. Allí recuerdo a Olga y a Margarita, quienes desde las ruinas de sus casas nos predicaron con su ejemplo que la esperanza es posible. De ahí, nació la inspiración de la Diócesis de la Esperanza, en alusión a nuestra Diócesis.

 

Hemos creado la cuenta, “Diocesan Relief Fund”, donde varias diócesis y entidades han presentado sus donaciones. El Comité de Respuesta para Emergencias determinó utilizar los fondos recibidos en esta cuenta para apoyar a las personas que perdieron sus viviendas o que han sido severamente afectadas. Un subcomité ha preparado los procesos y formularios correspondientes para solicitar la ayuda, de manera que esta llegue a quienes más lo necesitan.

 

Hermanas y hermanos, el huracán María nos trajo una enorme devastación y destrucción, pero también múltiples lecciones y enseñanzas. La solidaridad, la perseverancia y el trabajo en conjunto que nos legaron las generaciones que nos precedieron, hacen eco hoy día. Estos valores se han reflejado en el apoyo mutuo entre vecinos, ahora que conversamos más y nos saludamos con mayor frecuencia. Con la mirada fija en Cristo, lo escuchamos cuando nos dice: “Animo, yo estoy con ustedes”. Lo creemos con firmeza. La Isla del Encanto que brilla en nuestros corazones, se renovará como lo está haciendo su naturaleza. Hoy todos y todas afirmamos con mayor fuerza, que Borinquen sigue siendo bella. Y en esa renovación, nuestra Iglesia Episcopal Puertorriqueña está brillando como una Iglesia dinámica y misionera.

 

Ministerio del Obispo

“Que todos, como buenos administradores de los múltiples dones de Dios,

pongan al servicio de los demás el don que recibieron”. (1Ped.4-10)

 

También presento a la Asamblea como parte de mi mensaje, un resumen de la gestión que he estado realizando en el episcopado por los pasados cuatro meses. El pasado 22 de julio de 2017 fui ordenado al servicio y ministerio del episcopado, como el Séptimo Obispo Diocesano en la Diócesis Episcopal de Puerto Rico. Desde ese día oré al Señor para que hiciera de mi un pastor conforme a su corazón. En ello me empeño y esfuerzo cada día. Consciente de que nuestra función pastoral inicia desde donde ofrecemos servicios, nuestra primera tarea fue brindar esa necesaria mirada a la gestión que realizamos desde nuestro el Centro Diocesano. Reenfocamos la organización del Centro Diocesano, para que no solo atendiera los procesos administrativos de la Diócesis; sino que también se enfocara en los asuntos pastorales, misioneros y de apoyo y desarrollo de nuestras feligresías. Hoy el Centro Diocesano es un lugar de encuentro para todos y todas y un lugar de servicio a nuestro Clero y Laicado.  Ejerce su rol consciente de que tiene un impacto directo en nuestra Vida de la Iglesia. Quiero aprovechar para agradecer a los clérigos y a las hermanas y hermanos que componen el Centro Diocesano. Ustedes, mano a mano conmigo, hacen que el Movimiento de Jesús en nuestra Iglesia crezca cada día. Gracias por ser tan excelentes colaboradoras y colaboradores.

 

El Centro Diocesano se compone de tres oficinas: la Oficina del Obispo, en el Centro Diocesano y en Ponce; la Oficina de Administración, a cargo de la Sa. Yaitza Salinas y la Oficina de Comunicación y Medios. Forman parte integral de la Oficina del Obispo, el Rev. Can. Rafael Zorrilla, como Canónigo del Obispo y la Sra. Yadira Torres, nuestra Ayudante Ejecutiva. El Canónigo Zorrilla fue instalado en su ministerio en la Iglesia de la Catedral el pasado 20 de agosto. Ese mismo día instalé al Canónigo Gilberto Garcés, como Canónigo de Evangelismo, Pastoral y Misión y al Canónigo Angel Dávila como Canónigo de Apoyo y Desarrollo de Feligresías.

 

En el Centro Diocesano hemos estado trabajando arduamente en los pasados cuatro meses en asuntos muy importantes para nuestra Diócesis. El Rev. Can. Gilberto Garcés se encuentra desarrollando nuestro Programa de Evangelismo y Misión, que es indispensable para la Vida de la Iglesia. Una de las prioridades del Canónigo es desarrollar una presencia activa misionera de todos los movimientos laicos. Somos sal de la tierra y luz del mundo. El Señor nos ha enviado. Él nos dice “vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación”. (Mar.16:15)   A través de la pastoral y misión de la Iglesia cumpliremos con este envío.

 

El Canónigo Garcés también ha conformado el Equipo Diocesano de Animación Pastoral. Este equipo está compuesto por los líderes de los diferentes movimientos laicos y es un motor de la pastoral diocesana, inspirada por el Espíritu Santo. Es indispensable que desarrollemos al máximo las actividades misioneras de todos y cada uno de nuestros movimientos laicos, entrelazados por el discipulado y conforme al Plan para la Vida de la Iglesia. Como siempre he sostenido, en el anglicanismo somos como un mosaico. Todas las piedras que conformamos el mosaico de nuestra Iglesia somos distintas; pero juntos formamos una obra de arte que refleja a Dios. Todos los movimientos laicos son piedras vivas de ese mosaico.

 

Me ha llenado de gran alegría en el área pastoral, la reactivación de la Mesa Diocesana Juvenil. Este grupo dinámico de jóvenes, liderado por nuestra hermana Cristina Olán, tiene el deseo genuino de revitalizar el movimiento de la Juventud en nuestra Diócesis. Han comenzado a trabajar con respaldo diocesano y tienen planes para desarrollar los grupos actuales de jóvenes y formar nuevos grupos de jóvenes en nuestras feligresías. De hecho, celebraremos en la Iglesia de la Catedral una Pascua Juvenil en el 2018 que comenzará el Jueves Santo y culminará con la Vigilia Pascual. Los jóvenes también planifican desarrollar un mini campamento en San Justo para el próximo verano. Exhorto a nuestro pueblo episcopal a apoyar las gestiones que desarrolla la Mesa Diocesana Juvenil. Agradezco a la señora Olán su extraordinario trabajo y a nuestros jóvenes que son sal de la tierra, luz del mundo y el futuro de nuestra Iglesia.

 

También estamos trabajando por lograr el máximo desarrollo de la catequesis en todas las parroquias y misiones. La catequesis estará dirigida a nuestros niños y niñas, jóvenes y adultos. Para esto, el Canónigo Garcés está trabajando arduamente en un plan esquematizado que pueda llegar a diferentes edades de manera eficaz. La Presbítera Aida Alvarez, Coordinadora Diocesana de la Catequesis, está trabajando nuestros modelos de Catequesis. Como educador por tres décadas tengo claro que todo comienza con la formación y la catequesis es parte fundamental de esta.

 

Por su parte, el Rev. Can. Angel Dávila se encuentra trabajando arduamente en su ministerio como Canónigo de Apoyo y Desarrollo de Feligresías. Desarrollaremos, mano a mano con el Clero y el Laicado, proyectos viables de Iglesia, dirigidos a la autogestión, bien sea por feligresía o en consorcios entre estas. Como parte de nuestro programa de trabajo, celebraremos encuentros para orientación y para compartir ideas por arcedianatos en el primer semestre del año 2018.

 

También estamos conscientes de que necesitamos desarrollar una programación litúrgica y pastoral atractiva para ir multiplicando la semilla que Dios nos ha puesto a nuestro cuidado, para hacerla crecer y dar abundante fruto. Estamos considerando el establecimiento de nuevas estaciones de predicación en comunidades como Culebra, Toa Alta y el Viejo San Juan, así como en alguna de las poblaciones entre Guayama y Humacao. Vamos a dar a conocer nuestra amada Iglesia Episcopal a personas que están en búsqueda.

 

Por otra parte, nuestro Seminario San Pedro y San Pablo es el corazón y la institución de formación superior de nuestra Diócesis. Estamos trabajando en planes de desarrollo para esta institución diocesana. El Seminario está iniciando su preparación hacia un proceso de acreditación, de forma que nuestros egresados reciban una formación teológica y pastoral de excelencia que, no solo los prepare para las órdenes sagradas, sino que les permita recibir un título universitario por esta formación En el primer semestre del año 2018, continuaremos revisando los currículos del Seminario, y trabajaremos en iniciativas para la atención de las inquietudes vocacionales, entre otros proyectos que fortalecerán el Seminario.

 

También, el próximo año 2018, inauguraremos el Centro Anglicano de Formación para el Laicado. Este proveerá toda la formación necesaria para los ministerios laicos propios de nuestra diócesis. Todas y todos nuestros ministros laicos serán debidamente certificados. Se establecerá un nuevo programa de misioneros y misioneras laicos. Vamos a sacar provecho de la tecnología y estaremos ofreciendo la formación a distancia, al igual que talleres presenciales. Igualmente, estaremos trabajando en el diseño curricular y organización del programa de formación de los comités de las misiones y juntas parroquiales y en el programa de orientación a nuevos miembros de las juntas y comités diocesanos.

 

Por otro lado, he estado atendiendo diversos asuntos relacionados con el Clero. La atención del Clero y su familia está a cargo de su Obispo y en esta área nos hemos trazado varias metas. En apoyo a esas metas, designé a la Rev. P. Margarita Santos como Directora Espiritual del Clero y su Familia. La Presbítera Santos colaborará en el desarrollo de iniciativas que atiendan las necesidades del Clero, sus cónyuges e hijos; y en el desarrollo del Programa de Espiritualidad para el Clero. Agradezco a ella su colaboración en este ministerio.

 

También, he estado realizando visitas pastorales en distintas feligresías de nuestra Diócesis. Algunas visitas fueron recalendarizadas, para tener el espacio de acompañar a las feligresías y pueblos de la isla que se vieron más afectados por el Huracán María. De igual manera, desde el pasado mes de agosto, he estado celebrando la Santa Eucaristía en el Catedral San Juan Bautista los terceros domingos del mes. Ha sido una grata experiencia ver celebrar juntas a las feligresías hispana e inglesa de la Catedral en una sola misa bilingüe cada mes. Me disfruto mucho la alabanza de ambos coros en la Eucaristía. A partir de febrero invitaré a una feligresía cada tercer domingo de mes a la Catedral, en la que predicará su vicario o rector. La Catedral no es solo la Iglesia del Obispo, sino que es la casa de todas y todos y quiero que así la veamos.

 

También hemos estado atendiendo con mucho interés a nuestras instituciones diocesanas. Tal y como aspiramos desde el primer día, estamos trabajando firmemente en el desarrollo de una mayor sinergía entre nuestras instituciones y la Iglesia. La participación del Sistema de Salud Episcopal San Lucas conjuntamente con la Iglesia en la atención de la emergencia del huracán María y las clínicas de salud que se realizan en nuestras visitas pastorales son solo dos ejemplos de esta sinergía. En cuanto a Servicios Sociales Episcopales, es nuestra meta llevar la institución a una mayor sostenibilidad y a un desarrollo amplio. VIDAS tiene, como lo dice su nombre, una gran oportunidad de crecimiento y desarrollo para tocar las vidas de hermanos y hermanas que hoy, más que nunca, se encuentran en situación de vulnerabilidad en nuestra tierra. Agradezco el trabajo que se realiza desde todas nuestras instituciones diocesanas y a quienes realizan el mismo.

 

Reestructuración de los Arcedianatos

 

También quiero en este mensaje hablarles de un componente medular en nuestra Diócesis, y que es fundamental para que todos nuestros planes e iniciativas pastorales y misioneras sean una realidad. Me refiero a nuestros arcedianatos. Los arcedianatos son un espacio privilegiado para celebrar la Vida de la Iglesia. Al inicio de mi episcopado, realicé reuniones con los distintos grupos que ejercen ministerios en nuestra Diócesis, incluyendo a nuestros arcedianos y arcedianas. A raíz de ese encuentro, creé un Comité que en los pasados meses estudió nuestros arcedianatos, no solo en términos de su composición, sino como comunidades de fe. En este Comité participaron nuestros arcedianos y arcedianas y otros clérigos de nuestra amada Iglesia. Este comité brindó sus recomendaciones. Hoy presento a la consideración de esta Asamblea una nueva estructura, que contempla la organización de la Diócesis en siete arcedianatos, con la siguiente composición de feligresías:

 

Arcedianato de la Montaña

 

• Misión San Matías, en Lares

• Misión La Santa Cruz, en Lares

• Misión La Epifanía, en Maricao

• Misión La Transfiguración, en Maricao

• Misión La Anunciación de la Santísima Virgen, en Yauco

• Misión Cristo Redentor, en San Sebastián

• Misión Santa Ana, en Sabana Grande

• Misión San Bartolomé, en Lares

 

Arcedianato Norte I

 

• Estación de Predicación Niño Jesus, en Quebradillas

• Misión San Pablo Apóstol, en Arecibo

• Parroquia Ayudada La Resurrección, en Manati

• Parroquia Ayudada La Ascención, en Morovis

• Misión Emanuel, en Dorado

 

Arcedianato Norte II

 

• Parroquia Ayudada Santa María Magdalena, en Levittown

• Misión San Bernabé, en Bayamón

• Misión San Timoteo, en Bayamón

• Parroquia Ayudada San Pedro y San Pablo, en Bayamón

• Parroquia La Encarnación, en Hato Rey

• Misión San Esteban el Mártir, en Guaynabo

• Parroquia Ayudada San José, en Caimito

 

Arcedianato Noreste

 

• Parroquia Ayudada San Juan Bautista (hispana)

• Parroquia Ayudada Saint John the Baptist (inglesa)

• Parroquia Ayudada Santa Hilda, en Trujillo Alto

• Parroquia Ayudada Sagrada Familia, en Trujillo Alto

• Misión San Francisco de Asís, en Rio Piedras

• Misión Santo Tomás, en Carolina

• Misión El Adviento, en Carolina

• Misión San Felipe y Santiago, en Loíza

• Misión El Buen Pastor, en Fajardo

• Misión Todos los Santos, en Vieques

 

Arcedianato del Suroeste

 

• Misión San José de Arimatea, en Añasco

• Parroquia San Andrés, en Mayagüez

• Misión Nuestra Señora de Walsingham, en Cabo Rojo

• Misión Santa Cecilia, en Guánica

• Misión San Rafael Arcángel, en Yauco

• Misión San Juan Apóstol y Evangelista, en Yauco

• Misión San Mateo, en Peñuelas

 

Arcedianato del Sureste:

 

• Misión San Judas Tadeo, en Aibonito

• Misión Espíritu Santo, en Aibonito

• Misión San Simón Cirineo, en Coamo

• Misión San Pedro Apóstol, en Guayama

• Misión San Gabriel Arcángel, en Humacao

• Misión Cristo Rey, en Caguas

 

Arcedianato del Sur

 

• Misión Príncipe de Paz, en Ponce

• Parroquia Ayudada Santa María Virgen, en Ponce

• Parroquia Ayudada La Reconciliación, en Ponce

• Misión San Miguel Arcángel, en Ponce

• Parroquia Ayudada San Lucas Evangelista, en Ponce

• Parroquia Ayudada Santo Nombre de Jesús, en Ponce

• Misión San Marcos Evangelista, en Ponce

• Parroquia Ayudada Santísima Trinidad, en Ponce

 

Esta reestructuración que hoy les presento será de gran beneficio para nuestra Vida de la Iglesia. Promoverá la sinergía entre feligresías con contextos similares y el desarrollo de nuevas feligresías y de proyectos en consorcio entre las mismas. Facilitará el fortalecimiento de la catequesis. También permitirá que los arcedianatos sean comunidades vivas que fortalezcan la acción pastoral y a través de estos, atenderemos las necesidades particulares de las comunidades que los conforman.

 

Es por todo lo anterior, que presento a consideración de la Asamblea la reestructuración de nuestros arcedianatos, de manera que, en forma colegiada, hagamos de estos unas comunidades vivas de discípulos y discípulas en el Movimiento de Jesús.

 

 

Año del Discipulado y Encuentro Episcopal “Sígueme”

Por otro lado, antes de que culmine este mes de noviembre, tendremos una actividad muy especial. Me llena de alegría iniciar el próximo 26 de noviembre en este templo, un nuevo año de gracia para nuestra Diócesis: el Año del Discipulado. El Día de Cristo Rey y el comienzo del Año Eclesiástico enmarcan este momento especial. Nos dice la palabra que “cuando se iba de allí, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dijo: Sígueme. Mateo se levantó y le siguió” Mt. 9:9. Inspirados en este llamado, durante este año todas y todos profundizaremos en el significado del discipulado de Jesús.

 

Ese llamado directo y la respuesta activa al llamado fue característica en las primeras comunidades cristianas, que mostraron ese espíritu testimonial. En ese mismo espíritu, ese día enviaré a la misión al Equipo Diocesano de Animación Pastoral. Este equipo, conformado por las y los líderes de los distintos movimientos laicos, tiene la misión de animar, dar vida y fortalecer la pastoral en nuestras comunidades y a través de las estructuras de la Diócesis. Son un componente esencial para viabilizar nuestra Vida de la Iglesia.

 

Ese día también realizaré mis primeras dos ordenaciones como Obispo: nuestra hermana Louise Morell será ordenada como Diácono Transitorio y nuestra hermana Elsie Ramos será ordenada al Diaconado Permanente. Definitivamente, aspiro a que el Año del Discipulado sea un año especial de gracia y bendición, donde crezca la fraternidad entre quienes formamos parte del Movimiento de Jesús. También aspiro a que sea una iniciativa que atraiga a otras personas que están en búsqueda a formar parte de esta Iglesia.

 

Un día después de la actividad, todo el Clero iniciaremos nuestro Retiro de Adviento, que se llevará a cabo del 27 al 29 de noviembre. En este profundizaremos sobre el primer amor en la vocación, que nos condujo al ministerio ordenado. Será una gran oportunidad para revitalizar y fortalecer nuestro ministerio como clérigos, uno de los más bellos regalos que el Señor nos ha dado. El retiro también nos preparará para la gran fiesta de la Navidad. Porque el huracán María nos ha estremecido, pero la celebración de la llegada de Cristo no puede ser opacada por ninguna tormenta. Estaré realizando misas de aguinaldo a través de toda nuestra Diócesis, compartiendo la alegría de la espera por la llegada del Señor. Hoy les compartiremos el itinerario de estas misas. De igual manera, como parte de la fiesta de la Navidad y de la Epifanía, contaremos con la visita de nuestro Primado Rvdmo. Michael Curry, quien estará con nosotros los días 3 y 4 de enero de 2018. Será un momento de hermoso compartir con él y con todos y todas ustedes.

 

 

Nuestra Iglesia: Dinámica, Misionera y Evangelizadora

Las metas que nos hemos planteado y todas las acciones que llevamos a cabo desde el ministerio del episcopado, están enraizadas en nuestro lema diocesano: Somos una Iglesia Dinámica, Misionera y Evangelizadora. Es Jesus mismo quien nos ha comisionado a serlo. El nos ha dicho: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos.” Mt. 28.

 

La Iglesia es dinámica porque está en movimiento. Somos parte del Movimiento que Jesús instituyó cuando estuvo entre nosotros y que existe con fuerza y vigor.  Recordemos que este movimiento que Jesús instituyó lo hizo con sólo una palabra. El nos dijo “Sígueme”. Esta palabra es el motor del Movimiento de Jesús; es la que ha hecho que millones de personas a través de la historia hayamos seguido a Jesús. A esta palabra tan poderosa los discípulos y discípulas respondieron; a esta palabra, en este momento, todos y todas respondemos, para que podamos hacer que todos los pueblos sean sus discípulos.

 

La Iglesia es misionera porque estamos en el camino. No somos meros espectadores que nos asombramos de las maravillas que los discípulos de Jesús hicieron; sino que caminamos junto a Él y como sus discípulos. Esto es maravilloso porque podemos compartir esta alegría aquí y ahora. Actuamos, no solo observamos, tal y como lo hicieron los discípulos de Jesús.

 

Finalmente, la Iglesia es evangelizadora porque lleva una buena noticia. No es cualquier noticia, sino una noticia formidable; una noticia que provoca la alegría más grande que podemos experimentar y que se centra en el amor que Dios nos tiene. Es precisamente esta alegría que produce el amor de Dios, el motor para que tanto el Clero como los laicos nos unamos en un solo cuerpo y seamos portadores de esta extraordinaria noticia.

 

Como cierre a este mensaje, en este día doy gracias al Señor porque nos ha regalado dones espectaculares en esta Diócesis de Esperanza. Nuestro Clero es instrumento de aquel Cristo que nos dijo “Sígueme”, y que invita a que proclamemos desde nuestras propias vidas con alegría renovada. Gracias a nuestras presbíteras, presbíteros y diáconos por su labor, acompañamiento y apoyo en estos meses. Gracias por la hermandad y fraternidad que estamos construyendo. Agradezco además al Laicado, que con su fuerza y ministerio da vida a nuestra Iglesia. Ustedes son el viento que va impulsando la barca con un nuevo entusiasmo en el Movimiento de Jesús. Les animo a todos y todas, Clero y Laicado, a seguir siendo misioneros y misioneras.

 

Reconozco también a mi esposa Vanessa por su acompañamiento y apoyo para que pueda ser su pastor. Gracias mi amor, por estar a mi lado y recorrer conmigo el camino de este ministerio. Gracias a Jesucristo, Señor nuestro, porque animas, inspiras y guías a tu Iglesia. A ti Señor sea todo honor y gloria para siempre. Amén.

 

 

Rvdmo. Rafael Morales Maldonado

Obispo Diocesano