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MENSAJE DE PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL RVDMO. WILFRIDO RAMOS ORENCH

 

“María fue entonces a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que le había dicho estas cosas”. Juan 16:18

 

¡Cuán significativo es que la primera testigo de la Resurrección de nuestro Señor Jesús fuese una mujer, María Magdalena o María de Magdala, como frecuentemente nos referimos a ella! Tal vez había sido una mujer pecadora, como lo somos todos nosotros, pero el encuentro con su Señor había transformado su vida. Su vida tomó un nuevo giro que la convirtió en fiel discípula de Jesús. Es algo que podemos apreciar a través del relato bíblico de su conversión, y de su impecable presencia y postura durante la dolorosa pasión y crucifixión de su Maestro. No es solo la fidelidad y solidaridad de la Magdalena pero del grupo de mujeres, incluyendo a María, madre de Jesús, quienes lo acompañan en las horas y momentos más difíciles de su martirio. Desafortunadamente, lo mismo no podemos decir del grupo de discípulos que habían sido sus asiduos seguidores.

 

Me parece sumamente importante el resaltar estos detalles dado el clima que se ha generado en nuestro ámbito puertorriqueño alrededor de la controversial Perspectiva de Género. Cuán fácil nos olvidamos del papel crucial que ha jugado la mujer en nuestra historia de la salvación. La intención misma de Dios Creador desde el principio fue establecer la paridad y mutualidad de ambos géneros que siempre nos debe caracterizar: “Varón y hembra los creó, a su imagen y semejanza los formó, para que fuesen compañeros uno del otro…”

 

Con la Resurrección de nuestro Señor Jesús y su triunfo sobre la muerte y el pecado se crea el espacio y la posibilidad para que todas las estructuras que oprimen al ser humano y van contra la intención y voluntad de Dios puedan ser derrumbadas y superadas. En verdad son muchas y bien arraigadas y perpetuadas; solo tenemos que ver, escuchar o leer las noticias, o mirar a nuestro alrededor.

 

Pienso que la tumba vacía es símbolo y señal de lo que podemos despojarnos y dejar atrás. La resurrección es la nueva vida que el Cristo Resucitado abre ante nosotros invitándonos a participar plenamente en la mis-ma. Como bien dice San Pablo en Segunda Corintios, “La vieja criatura muere en nosotros para dar paso a una nueva creación. En Cristo todas las cosas son hechas nuevas…”

 

En nuestra Diócesis, consistentemente, hablamos de un proceso de transformación en el que estamos involucrados con el fin último de Transformarnos para Servir. La Resurrección es esencialmente un proceso de transformación, de cambiar las formas externas e internas para venir a ser esa nueva criatura, ese nuevo ser del cual nos habla San Pablo. Ciertamente hay mucho que dejar atrás: viejos hábitos y costumbres; prejuicios y actitudes nocivas; rencores y resentimientos; falsas lealtades y divisiones; heridas que deben cicatrizar.

 

A través de la Resurrección, los discípulos y discípulas descubrieron que su lealtad última se la deben a Cristo. Que, siendo leales y obedientes a Él, vendrían a convertirse en su Cuerpo Resucitado. ¡Así lo hicieron transformando la historia! Este es el mismo reto ante nosotros y nosotras hoy. Sigamos el ejemplo de aquellas primeras mujeres y demos a conocer las Buenas Nuevas del Cristo Resucitado.

 

Que así sea y que Dios los colme de bendiciones a todos y todas ustedes y a cada una de nuestras comu-nidades de fe.

 

Su fiel servidor en Cristo,

 

+ Wilfrido Ramos Orench

Obispo