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¿Qué son los Sacramentos?

Los Sacramentos son los actos externos y visibles realizados por Jesucristo en su Iglesia para darnos su gracia. Esta gracia perdona nuestros pecados, ilumina nuestras mentes, conmueve nuestros corazones, nos fortalece, nos sana y nos liga más íntimamente a Dios.

 

Celebramos siete sacramentos. El Bautismo y la Eucaristía se entienden como los dos sacramentos instituidos por Cristo.

 

En el Bautismo nos hacemos hijos e hijas de Dios y miembros de la Iglesia, y herederos del Reino de Dios. Es el sacramento de la iniciación cristiana, el acto de ingreso en la Iglesia de Jesucristo. El signo externo es el derramamiento de agua o inmersión en nombre de la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La gracia interna es la nueva vida, la muerte al pecado y la resurrección con Cristo. El Bautismo es el nacimiento a la vida eterna. Los episcopales bautizan infantes, como lo hizo la iglesia primitiva. La Iglesia es la familia de Dios y, al igual que la familia terrenal, los padres y otros familiares se ocupan de la crianza hasta que sean bastante mayor para aceptar responsabilidad. La Iglesia Episcopal reconoce como válido cualquier bautismo con agua en el nombre de la Trinidad. Nunca rebautizamos a nadie. En caso de duda el Libro de Oración Común provee para la celebración del "bautismo condicional". Todas las personas bautizadas tienen el privilegio de participar de la Eucaristía y de recibir la Santa Comunión regularmente.

 

En la Eucaristía celebramos la presencia perpetua de Jesucristo y recibimos la gracia de su vida, muerte y resurrección hasta que Él vuelva. Este sacramento puede llamarse también la Santa Comunión, la Cena del Señor, o la Misa. El signo externo y visible es el pan y el vino. La gracia interna y espiritual es el cuerpo y la Sangre de Cristo. En la última cena Jesús dijo que cuando comemos el pan y bebemos el vino juntos debemos hacerlo en conmemoración de Él. La palabra que traducimos por "conmemoración" es el término griego "anamnesis" que significa "hacer presente". Los episcopales no tratan de explicar filosóficamente cómo se produce la presencia real de Jesucristo, pero por cerca de 2,000 años los cristianos se han reunido semana por semana, con la firme fe de que al participar del pan y el vino están en comunión con Cristo, con Dios y con todos los otros cristianos de todos los tiempos y lugares.

 

En la Confirmación el bautizado recibe la fortaleza de Espíritu Santo por medio de la imposición de manos del Obispo y así asume su ministerio laico dentro de la Iglesia. En la Iglesia primitiva el obispo bautizaba e imponía sus manos sobre los nuevos miembros y rogaba por los dones del Espíritu Santo, para que pudieran ser equipados por Dios para vivir la vida cristiana. Cuando las multitudes comenzaron a agregarse a la Iglesia, los obispos permitieron que los presbíteros bautizaran, pero reservaron la imposición de manos, la Confirmación, para ellos. Se espera que cada miembro de la Iglesia en algún momento de su vida comparezca ante el obispo, su pastor principal y sucesor de los apóstoles, para reafirmar su intención de vivir como cristiano y recibir la bendición cuando puede hacer su propia decisión de seguir a Cristo y renovar sus votos bautismales.

 

En la Ordenación los llamados al ministerio ordenado se les concede la autoridad y la gracia del Espíritu Santo mediante la oración e imposición de manos de un Obispo. En la confesión (pública o privada) se recibe de un sacerdote la declaración del perdón de Dios y la gracia Reconciliación de la absolución de sus pecados.

 

En el Matrimonio un hombre y una mujer se unen y reciben la gracia y la bendición de Dios para ayudarlos en su unión.

 

En la Unción se ungen con óleo o se imponen las manos a un enfermo para otorgarle gracia para su sanidad física y espiritual.